Cómo hablar en público 


Hablar correctamente en público es, sin lugar a dudas, una de las habilidades sociales y profesionales
más importantes. Una falta de dominio en esta materia puede provocar la pérdida de grandes
oportunidades en todos los ámbitos de la vida, desde el laboral hasta el académico, e incluso en el personal. En numerosas ocasiones he asistido a presentaciones realizadas por personas que, a pesar de ser intelectualmente muy brillantes y estar muy capacitadas, destrozaban su mensaje, su imagen y su

eficacia comunicativa al expresarse en público. Por desgracia, esta lamentable situación se produce mucho más a menudo de lo que a todos nos gustaría creer.
No obstante, lo importante aquí no es tanto ser conscientes del problema como asumir las
consecuencias prácticas que implica no saber expresarse en público. Quizá la más importante sea la
pérdida competitiva que sufre una persona con esta carencia. No dominar la comunicación en público

puede acarrear desde la pérdida de oportunidades laborales hasta la incapacidad para ser eficaz a la
hora de vender un producto, por no hablar de asistir a una ronda de financiación, motivar a un equipo
de trabajo, impartir una clase o presentar con éxito un proyecto en el que se han invertido muchas
horas.
En los últimos años, el fenómeno de la globalización se ha dejado notar en el campo de la
comunicación en público. El mundo anglosajón está tremendamente mejor preparado en esta materia —

después analizaré las causas—, por lo que es frecuente que en los congresos internacionales los
profesionales de estos países sean los que tienen mayor visibilidad; todo a costa, claro está, de la
escasa presencia de españoles y de otros expertos del sur de Europa.
En un artículo que leí en la revista Esquire titulado “¡La elocuencia, estúpido!” se expresa con bastante
claridad este problema: “Al final, ni la economía ni la inteligencia emocional ni el doctorado por
Friburgo. La cosa consiste simple y llanamente en hablar bien, en tener ese piquito de oro entrenado en
el arte de la elocuencia. Para el Financial Times, la clave del éxito de las élites profesionales
anglosajonas no sólo es que hablan inglés, sino que además lo hablan muy bien. Las destrezas orales
de los chicos de Oxbridge son muy superiores a las de quienes se han educado en los sistemas latinos y
germanos, más dados a fomentar la expresión escrita.”
No cabe duda de que hablar en público es una de las asignaturas que tienen pendientes los
profesionales de nuestro país. La causa más probable de esta situación habría que buscarla en el
sistema educativo. En España, un estudiante puede recorrer todas las etapas de la enseñanza, desde la
primaria hasta el grado universitario, sin que ningún profesor ni ninguna asignatura le hayan explicado
las claves de la comunicación en público. Es cierto que el Plan Bolonia incluye el fomento de la
expresión oral como objetivo común del Espacio Europeo de Educación Superior, pero basta con
echar un vistazo a los programas universitarios para ver que sólo unas pocas instituciones privadas han empezado a dar los primeros pasos en esta dirección.

María Garaña, presidenta de Microsoft Ibérica, explicaba a la revista Capital su experiencia
americana: “Me gusta mucho el mundo de la comunicación. Me fijo en qué políticos me gustan cuando
comunican. He invertido mucho en el mundo de contar la historia; el mundo de la comunicación y las
habilidades de expresión, algo que hace mucha falta en España. Cuando fui a estudiar a Estados Unidos
llegaba con un expediente académico perfecto, pero no había hablado en público en mi vida.”
Un gran comunicador, Manuel Campo Vidal, también presenta esta situación como un grave problema
competitivo: “Sólo en comunicación y en idiomas, nuestra formación es inferior. Y, en consecuencia,
en la vida profesional competimos en peores condiciones con nuestros homólogos de otros países.”
Hablando del entorno competitivo, conviene también recordar la inmensa cantidad de información a la
que hoy está expuesta cualquier persona. Los mensajes publicitarios o corporativos llueven sin cesar
desde los medios de comunicación tradicionales, la publicidad, los eventos, las redes sociales...
Desde el mismo momento en que suena el despertador ya empezamos a recibir información; y si la
radio funciona como alarma, incluso a veces desde ese mismo instante. A continuación, comprobamos
el correo electrónico y echamos un vistazo a los distintos perfiles de nuestras redes sociales. ¡Y el día

sólo acaba de empezar! A partir de ahí, se suceden reuniones, clases, más reuniones, presentaciones,
eventos... El profesional que tiene la necesidad de comunicar o hacer una presentación en público, si
quiere captar el interés de la audiencia, debe aprender a competir contra toda esa avalancha de
información.
Cuando una persona se enfrenta a una presentación ante el público tiene la sensación de estar ante un
momento único, casi especial. Scott Berkun, autor de Confessions of a public speaker, lo expresa de
manera casi poética: “Hay un momento en todas las películas, conciertos y conferencias, justo antes de
que empiece el espectáculo, cuando todo el público queda en silencio. Todas las conversaciones se
paran y todo el mundo, aproximadamente a la misma hora, se queda en un silencio expectante sobre lo
que está por suceder. Esto se llama el silencio sobre la multitud [...]. Son doscientas personas con
diferentes pensamientos e ideas convertidas en una entidad única, unidas por primera vez para dar su
total atención a lo que va a ocurrir justo enfrente de ellas. Y lo extraño es que el público le da el
control a un desconocido [...]. Es un acto de respeto y de esperanza, y es increíble.”
Lo que describe Berkun suele ocurrir en esas grandes ocasiones en las que se tiene el privilegio de
contar con una audiencia que desea escuchar lo que le van a contar. Lamentablemente, en el día a día,
la competencia es mucho más feroz. Cuando, por ejemplo, hay que realizar una presentación en un
comité de dirección, para obtener la atención y la complicidad de la audiencia hay que competir con
todas las presentaciones anteriores, con todas las que vendrán después y con todos los impactos
informativos que el público recibe en ese mismo momento... y a lo largo del día.
La clave para atraer la atención es la diferenciación. Pero no se trata de ser extravagante o perder
completamente los papeles. En ese caso, se conseguiría sobresalir sobre el resto de los mensajes, pero
no se obtendría el fin último que se persigue: vender una idea y lograr que la audiencia haga lo que se
espera de ella. Por tanto, lo que se comunica debe ser siempre relevante y valioso para el público al
que se quiere captar. La diferenciación a la hora de comunicar en público pasa, en primer lugar, por
manejar con soltura las diferentes técnicas de comunicación que se presentan en este libro y, en


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